Cualquier otro lugar · Página 12

—Es… una larga historia —dijo ella, ruborizándose de nuevo.

Ray pareció algo cortado.

—No quiero incomodarla —dijo—. No es asunto mío.

—No me incomoda —aseguró ella—. Yo tampoco quiero apartarlo a usted de sus asuntos.

—Oh, uhm —carraspeó él, mirando la puerta de la farmacia—. No me aparta usted de mis asuntos. Aunque… si desea acompañarme dentro unos segundos, quizás pueda conseguirle a mi… tío algo de jarabe para la tos.

—Por supuesto —accedió Nina, sin pensar. Pero acompañó a Ray dentro de la farmacia, y esperó pacientemente mientras este compraba su jarabe. Al salir, se encaminaron de nuevo al recinto de las caravanas.

—Entonces, no le gusta el circo pero le gustó nuestra función —la pinchó él, mientras se dirigían hacia allí.

—La larga historia que antes he mencionado consiste en que uno de mis primos, el favorito para más señas, apunta maneras de don Juan —explicó ella, con una risita—. Ese día necesitaba una carabina, por alguna razón que yo misma no consigo explicarme; y no puedo decirle que no a mi primo favorito, ¿verdad?

—Supongo que no —concedió él—. ¿Era su primo el joven que estaba sentado a su lado?

—Sí.

—¿El que solo tenía ojos para aquella otra muchacha?

—Sí —Nina reprimió otra risa—, ese.

—Pues me parece un tanto de mala educación —aventuró él—, por parte de su primo, el llevarla a usted a un circo que no le gusta y después ignorarla por completo.

—No juzgue usted a mi primo tan duramente —dijo ella—. Es joven y atolondrado. Aunque no le negaré que llegada la oportunidad me cobraré este favor por otro.

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