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Cualquier otro lugar · Página 8

—No sé para qué quería que fuera —suspiró Nina, en cuanto se hubieron ido—. Si no hubiese estado habría dado lo mismo.

Subió a su casa y se preparó algo de cenar. El circo no le había dejado una impresión mucho mejor que años atrás, y tampoco se sentía molesta con su primo por haberla ignorado toda la tarde (aunque le tiraría de las orejas cuando volviera a verle), pero, por alguna razón, estaba distraída. Se metió pronto en la cama, y soñó con que espiaba a alguien detrás de una cortina.

 

Los siguientes días fueron un tanto ajetreados; ya estaban a mediados de diciembre, sus clases en la universidad estaban a punto de acabar, y tenía que buscar regalos para sus parientes y conocidos. No volvió a pensar en la función de circo hasta el viernes, cuando le mencionó a una de sus compañeras lo que había hecho durante la semana.

—Y clavaron un montón de espadas en una caja con alguien dentro… —comentó Matilda, su compañera, que era bastante asustadiza—. ¡Qué siniestro!

El sábado, Nina fue a dar un paseo. Sin saber por qué, terminó cogiendo el metro y bajándose en el barrio en el que estaba instalado el circo. Rondó un poco los alrededores, y, cuando vio los pináculos de las carpas, cambió de rumbo y se dirigió directamente hacia allí.

Aquel día no había función; todo estaba cerrado. Los artistas estarían disfrutando de su día libre, o en casa en sus caravanas, que estaban en un recinto rodeado por una verja que impedía el paso. Sin embargo, al acercarse Nina comprobó que la puerta de la verja estaba abierta de par en par, a pesar de que no había nadie cerca. La chica dudó un poco; pero, impelida por el mismo ánimo misterioso que la había llevado hasta aquel barrio y a los alrededores del circo, la traspasó.

Se adentró unos metros en la zona de las caravanas, y miró a su alrededor. No hacía un día especialmente soleado, y había llovido últimamente; el suelo estaba cubierto de barro, y todo tenía un aspecto gris y deprimente. Aunque nadie caminaba fuera de las caravanas, Nina no llevaba ni medio minuto allí cuando alguien se asomó por una ventanilla.

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