Godorik, el magnífico · Página 185

Edri entendió esto como su última oportunidad; y no se le ocurrió otra cosa que empezar a imitar discretamente el ruido que hacían los ratones. Lamentablemente, o Edri no había visto un ratón en su vida, o no era muy buena imitando sonidos, porque el resultado no fue especialmente convincente.

Godorik, ahora sí, se llevó las manos a la cabeza.

Los dos Beligerantes intercambiaron una mirada, y avanzando a paso ligero descubrieron a los dos intrusos escondidos entre las cajas sin perder otro momento.

—¡Te lo dije! ¡Espías! —exclamó Map.

—¡Salid de ahí, bastardos! —gritó Coque.

—¡Godorik! —chilló Edri.

—¡Ahí hay otro, Map! —vociferó entonces Coque, en cuanto vio a Godorik a través de la ventana—. ¡Avisa a los de fuera!

Map echó a correr, mientras Coque intentaba apuntar simultáneamente con el rifle a Ran y a Edri, y a Godorik. Como eso no era posible, en cuanto Ran hizo ademán de adelantarse para quitarle el rifle, centró su atención en ellos dos.

—¡Moveos! ¡Salid de ahí detrás, vamos! —ordenó, y después gritó a Godorik—. ¡Y tú, no se te ocurra hacer nada!

—Escucha, todo esto es un malentendido —dijo Godorik, viendo que la cosa iba de mal en peor—. No estamos aquí para…

Pero el tal Coque no le escuchaba; en su lugar, condujo a Edri y a Ran a través del almacén, hacia la salida.

—Godorik, ¡haz algo! —seguía chillando Edri.

Godorik suspiró. Se bajó momentáneamente del contenedor de la basura, pero luego se lo pensó mejor; volvió a subir de un salto, y de ahí brincó al tejado del almacén. De un par de zancadas, llegó al otro extremo, desde donde podía ver lo que hacían los hombres de la entrada. Algunos de ellos habían entrado en el almacén, otros se disponían a rodearlo para (o eso presumía) atraparlo también a él.

Carraspeó.

—¡Ahí está! ¡Ese es! —gritó Map, después de sobresaltarse y mirar hacia arriba.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *