Godorik, el magnífico · Página 201

—¡Bien! —exclamó Edri, dando un bote de pura alegría. Lo grotesco de aquel espectáculo parecía importarle poco. También el resto del público empezó a cuchichear.

Godorik resopló, y escondió la cara entre las manos. Un momento después, la levantó de nuevo, y mirando a Ran y a Edri ladró:

—Como volváis a llamarme para algo así os tiraré de cabeza por el Hoyo.

—Pero si has ganado, hombre —protestó Ran.

—Sí que ha ganado, sí —dijo uno de los pandilleros, que parecía sorprendido.

—Entonces, ¿es el nuevo jefe? —preguntó otro.

Unos cuantos empezaron a discutir sobre lo que decían las reglas, y sobre lo inusual de aquella situación. Godorik, mareado, se puso en pie.

—Que alguien llame a un médico inmediatamente —alzó la voz, en un tono casi amenazante.

—Pero…

Ahora. ¿No veis que este hombre está malherido? Y que alguien compruebe de una vez si el otro se encuentra bien.

—»El otro» está aquí —farfulló el anterior jefe, Normas, avanzando hacia Godorik un tanto tambaleante.

Godorik le echó un vistazo.

—¿Todo bien? —preguntó.

Normas escupió al suelo.

—Eres un maldito bastardo, pero me has vencido —reconoció.

—Sin embargo, no sé yo si esto ha sido válido —dijo uno de los que estaban discutiendo—. Como él no es miembro de la banda…

—¿Y eso qué más da? —perdió los nervios el anterior jefe—. Le hemos permitido desafiarnos, y ha ganado. ¡Estúpido Coroles!

Furioso, se acercó a Coroles, que seguía inconsciente, y le dio una patada en la cara.

—¡Quieto! —gritó Godorik, alarmado, y corrió hacia él para detenerlo—. ¡Lo vas a matar, loco!

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