Skip to content

El Fuerte Oscuro de Kil-Kyron · Capítulo 31

31

Orosc e Ícaro Xerxes entraron en la oficina de inteligencia, y tomaron el pasillo a la derecha, tercera puerta a la derecha también. Se trataba de una puerta metálica, junto a la cual colgaba un letrero con el rótulo de “Operaciones Secretas”, y un post-it pegado encina de él que rezaba “se ruega no molestar”. Vlendgeron llamó con los nudillos.

—¡Ahora no! —gritó alguien desde dentro.

—¡Abran la puerta, maldita sea! —vociferó Vlendgeron, volviendo a su papel de líder maligno furibundo. Detrás de la puerta se escuchó un murmullo incómodo.

—¿Quién es? —preguntó la misma voz, que parecía la de Pati Zanzorn—. ¡Si es el Gran Emperador, que vuelva a llamar!

Orosc suspiró, y llamó otra vez. Se escuchó un nuevo ruido, y Pati Zanzorn abrió la puerta.

—Pasad, pasad, vuestra Malignidad —dijo, y añadió, tan casualmente como si acabase de encontrarse a un conocido en el bar—. ¿Qué tal?

—Tengo trabajo para ti, Zanzorn —dijo Vlendgeron, y miró a su alrededor con extrañeza—. ¿Qué estáis haciendo?

El cuarto estaba lleno de cajas de palillos de dientes, descuidadamente apiladas por las cuatro esquinas. Un chaval sostenía una torre de cajas que estaba a punto de volcar, mientras un hombre y una mujer construían, en el centro de la habitación, una caótica estructura con cola de contacto y palillos de dientes.

—¿Esto? —preguntó Zanzorn—. Estamos construyendo un modelo de la atalaya de vigilancia de la ciudad de Calbalplapa, para ver cómo podemos aprovechar sus puntos débiles.

—¿Una atalaya de vigilancia? —dijo Vlendgeron mirando la torre, que parecía más bien algún género fallido de lanzadera espacial; pero no hizo más comentarios.

—Oh sí —asintió Zanzorn, y siguió parloteando con entusiasmo—. En el caso de que nuestros enemigos decidieran atacarnos, la atalaya de Calbalplapa sería un lugar estratégico, y nuestro modelo la reproduce con gran fidelidad. Tenemos que reconstruirlo de tanto en cuanto, pero nuestra investigación está teniendo resultados muy interesantes. —se volvió hacia el chavalillo—. ¡Lusis! ¡La goma!

Comment Header

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *